La inquietante ‘vida digital’ después de la muerte ya no es ciencia ficción

Imagina un futuro en el que tu teléfono emite una notificación informándote que el bot «inmortal digital» de tu difunto padre está listo para interactuar contigo. Esta promesa de poder conversar con una versión virtual de un ser querido, quizás a través de un visor de realidad virtual (VR), parece sacada de una película de ciencia ficción: fascinante pero también un poco inquietante.

Al interactuar con este padre digital, te embarcas en una montaña rusa emocional, descubriendo secretos e historias que nunca habías conocido, lo que transforma tu recuerdo de la persona real.

Este escenario no es un concepto lejano ni hipotético. La industria del «más allá digital» está evolucionando rápidamente. Varias empresas prometen crear reconstrucciones virtuales de individuos fallecidos basándose en sus huellas digitales.

Desde chatbots de inteligencia artificial (IA) y avatares virtuales hasta hologramas, esta tecnología ofrece una mezcla extraña de consuelo y disrupción. Puede sumergirnos en experiencias profundamente personales que difuminan las líneas entre pasado y presente, memoria y realidad.

A medida que crece la industria del más allá digital, surgen importantes desafíos éticos y emocionales. Estos incluyen preocupaciones sobre el consentimiento, la privacidad y el impacto psicológico en los vivos.

Las tecnologías VR y IA están haciendo posible las reconstrucciones virtuales de nuestros seres queridos. Las empresas de esta industria utilizan datos de publicaciones en redes sociales, correos electrónicos, mensajes de texto y grabaciones de voz para crear personas digitales que pueden interactuar con los vivos.

Aunque sigue siendo un nicho, el número de actores en la industria del más allá digital está aumentando. HereAfter permite a los usuarios grabar historias y mensajes durante su vida, los cuales pueden ser accedidos por sus seres queridos de manera póstuma. MyWishes ofrece la capacidad de enviar mensajes preprogramados después de la muerte, manteniendo una presencia en la vida de los vivos.

Hanson Robotics ha creado bustos robóticos que interactúan con las personas utilizando los recuerdos y rasgos de personalidad de los fallecidos. Project December permite a los usuarios acceder a una “IA profunda” para entablar conversaciones basadas en texto con quienes han fallecido.

La IA generativa también juega un papel crucial en la industria del más allá digital. Estas tecnologías permiten la creación de personas digitales altamente realistas e interactivas. Sin embargo, el alto nivel de realismo puede difuminar la línea entre realidad y simulación, lo que puede mejorar la experiencia del usuario pero también causar angustia emocional y psicológica.

Las tecnologías del más allá digital pueden ayudar en el proceso de duelo al ofrecer continuidad y conexión con los fallecidos. Escuchar la voz de un ser querido o ver su semejanza puede proporcionar consuelo y ayudar a procesar la pérdida.

Para algunos, estos inmortales digitales podrían ser herramientas terapéuticas que nos ayuden a preservar recuerdos positivos y sentirnos cerca de nuestros seres queridos incluso después de su partida. Pero para otros, el impacto emocional puede ser profundamente negativo, exacerbando el dolor en lugar de aliviarlo. Las recreaciones IA de seres queridos tienen el potencial de causar daño psicológico si el doliente acaba teniendo interacciones no deseadas con ellos, siendo esencialmente sometido a un “encantamiento digital”.

Otros grandes problemas y preocupaciones éticas en torno a esta tecnología incluyen el consentimiento, la autonomía y la privacidad. Por ejemplo, es posible que los fallecidos no hayan consentido el uso de sus datos para un “más allá digital”.

También existe el riesgo de mal uso y manipulación de datos. Las empresas podrían explotar a los inmortales digitales con fines comerciales, utilizándolos para anunciar productos o servicios. Las personas digitales podrían ser alteradas para transmitir mensajes o comportamientos que los fallecidos nunca habrían respaldado.

Para abordar las preocupaciones en torno a esta industria emergente, es necesario actualizar nuestros marcos legales. Debemos abordar cuestiones como la planificación de herencias digitales, quién hereda las personas digitales de los fallecidos y la propiedad de la memoria digital.

El Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de la Unión Europea reconoce los derechos de privacidad póstumos, pero enfrenta desafíos en su aplicación. Las plataformas de redes sociales controlan el acceso a los datos de usuarios fallecidos, a menudo en contra de los deseos de los herederos, con cláusulas como “sin derecho de supervivencia” que complican las cosas. Las prácticas limitadas de las plataformas obstaculizan la efectividad del GDPR. La protección integral exige reevaluar las reglas contractuales, alineándolas con los derechos humanos.

La industria del más allá digital ofrece consuelo y preservación de recuerdos, pero plantea preocupaciones éticas y emocionales. Implementar regulaciones y pautas éticas reflexivas puede honrar tanto a los vivos como a los muertos, asegurando que la inmortalidad digital mejore nuestra humanidad.

Investigadores han recomendado varias pautas éticas y regulaciones. Algunas recomendaciones incluyen:

  • Obtener consentimiento informado y documentado antes de crear personas digitales a partir de individuos antes de que mueran.
  • Restricciones de edad para proteger a los grupos vulnerables.
  • Avisos claros para garantizar la transparencia.
  • Medidas sólidas de privacidad y seguridad de los datos.

Basándose en marcos éticos de la arqueología, un estudio de 2018 ha sugerido tratar los restos digitales como parte integral de la persona, proponiendo regulaciones para garantizar la dignidad, especialmente en los servicios de recreación.

El diálogo entre legisladores, industria y académicos es crucial para desarrollar soluciones éticas y regulatorias. Los proveedores también deberían ofrecer formas para que los usuarios terminen respetuosamente sus interacciones con personas digitales.

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